
Pintura de J.-H. Fragonard, "Lettre d'amour", que ilustra el libro "Les liaisons dangereuses", de Laclos. El texto está inspirado de una canción de Mamá Ladilla llamada "Melodías imposibles".
Querida amiga anónima:
Hola, me presento: soy un desconocido. Puede que nos hayamos visto alguna vez en la calle, o en alguna conferencia, o en algún concierto, o puede que nunca nos hayamos visto. En todo caso, no me reconociste y yo a ti tampoco, puesto que yo no te conozco y tú no me conoces, pero a la vez nos conocemos muy bien. Tú eres la persona que pudo pero nunca fue, o que podría ser pero nunca será. Eres esa chica que amaría desmesuradamente, de manera enfermiza; yo sería capaz de entregarte en mano mi corazón palpitante, de asesinar a sangre fría a todos los inocentes del mundo, de ser el más terrible Judas y traicionar a todos y cada uno de mis amigos. Serías mi cafeína, mi droga, mi pasaporte hacia la decadencia y la felicidad absoluta. Serías la causa de todas mis consecuencias, la raíz de todas mis decisiones.
Querida amiga anónima, yo sería tu esclavo, tu perro y tu sombra sin rechistar. Pero yo para ti sería tu amo, tu maestro y la sal de tu existencia; es más, tu existencia entera. Serías como un satélite rondando alrededor de un planeta, me amarías hasta la muerte y mucho más aún, irías hasta el otro lado del mundo para conseguir una sola mirada mía. Serías capaz de abandonar y rechazar a tu familia por una sola sonrisa. Llorarías hasta sangrar de dolor sin rechistar por verme feliz. Estarías totalmente hipnotizada por cada uno de mis gestos, vivirías única y exclusivamente para mí. Por mi harías las perversiones más horribles, pero seguirías arrastrándote hacia mi como una larva amoratada y deforme pidiéndome más. Exigiéndome más. Y tu me seguirías pareciendo el ser más bello y angelical de mundo, el ser perfecto, superior a todos los demás. Yo también acabaría por ti como un gusano cansado y tembloroso, postrado en el suelo y murmurando entre gemidos de dolor “exijo más…”.
Pero tú y yo no estamos destinados a encontrarnos y nuestro mutuo amor, el más absoluto, extremo, censurado e ideal de todos los amores, nunca llegará a existir. Por eso te escribo esta carta (aunque quizás no existas) para que sepas que existo (a pesar de que quizás yo mismo no exista) y que nuestro amor podría existir, si no fuera porque estamos predestinados a no conocernos nunca. Por cierto, ¿Crees en el destino?
Te mando un beso y una fantasía
De la parte de un desconocido,
Piensa en mí de vez en cuando,
Hasta pronto.

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